Harto
de la rutina de trabajo de toda la semana, el viernes por la mañana en mi
oficina sonó el teléfono, era la voz de mi única hermana a quien tenía años de
no ver, llamaba para invitarme a celebrar su cumpleaños ese fin de semana, yo,
sin compromiso alguno y con ganas de reventar todo el estrés que me agobio
durante la semana acepte la invitación, aun cuando tenía que salir de la ciudad
y manejar más de 4 horas para llegar al lugar donde ella vive, aun así dije – iré
- y me olvidare de todo cuanto pasa en esta oficina y la ciudad.
El
día paso tal y como siempre, con cientos de llamadas y pendientes que atender,
no veía la hora para salir de la oficina e irme a la casa a preparar mis cosas
para el viaje del día siguiente.
A la
mañana siguiente y muy temprano, después de un rápido baño y desayuno me subí
en mi auto y comencé a manejar las 4 largas horas, en mi estéreo sonaba una
mezcla de los éxitos de los 90s y ansioso por llegar pisaba lo más fuerte
posible el acelerador. Por fin y a lo lejos vi cómo iban apareciendo las
primeras casas de esa pequeña ciudad donde vivía mi hermana, construcciones no
muy modernas pero muy bien cuidadas, me comenzaron a rodear mientras avanzaba
por las calles principales hasta llegar a la casa donde me quedaría el fin de
semana.
Era
una casa grande, de paredes altas y 2 ventanales de madera, una casa chapada a
la antigua color arena claro, la puerta era un enorme portón de madera con
chapa de herrería antigua. A penas estaba estacionando mi auto y mi hermana,
una mujer esbelta de altura prominente, melena negra abundante, unos ojos verde
olivo que enamorarían a cualquiera y esa sonrisa tan inocente y desbordante que
desde una ventana me saludaba salió a recibirme, yo entre las cortinas alcance
a ver que estaba con alguien pero no pude distinguir por el momento quien era, salió
a mi encuentro y nos abrazamos fuertemente y bajamos mi pequeña maleta del
carro, abrazados recorrimos el clásico zaguán de las casas viejas con macetas
grande de colores chillantes y me llevo hasta el patio central en forma de
cuadro, con una fuente de 3 niveles al centro, rodeado por un pasillo que tenía
una arquería de cantera color rosado maravillosa, el piso era de cuadros de
colores en rojo y gris muy clásico en esas viejas construcciones, el color de
las paredes era el mismo que el del exterior, en el techo se podían ver como
sobre salían las vigas enormes de madera, de las paredes colgaban cuadros con
fotografías viejas de nosotros y de nuestros familiares en roídos marcos de
madera, recorrimos 3 cuartos hasta llegar al que sería el mío por ese par de
días.
Jamás
había visitado a mi hermana desde que me fui del pueblo y no sabía que en estos
tiempos hubiera alguien a quien le gustara vivir al estilo que ella lo hacía,
mas ella era feliz y era lo que me importaba, en la recamara había una cama
enorme con cabecera de herrería, tendida perfectamente con una colcha blanca y
un par de cojines que hacían a su vez de almohadas, en una esquina un gran
ropero de madera color caoba natural de dos puestas con delgadas molduras de
madera que sobresalían por todo el borde de este, la parte superior tallado a
mano con hermosas figuras de 3 alcartaces y un tocador que hacia juego con este
en el otro extremo, a los costados de la cama dos pequeños buró del mismo color
y siguiendo la línea del closet y el tocador, a un lado de la puerta un espejo
ovalado de cuerpo completo sobre una base de madera, el piso era el mismo que
el del pasillo y al pie de la cama un pequeño tapete en color rojizo. Hacia la
calle daba la ventana la cual era grande y de madera, tenía un par de cortinas
en color beige liso que iban desde el extremo superior en un cortinero de
herrería color cobre obscuro hasta el piso, el cual casi rosaban por
centímetros. Mi hermana se sentó en la cama y mientras me disponía a dejar las
cosas en ropero una voz masculina vino desde la puerta de mi cuarto, era mi
cuñado Roberto quien me daba la bienvenida con un fuerte abrazo y una calurosa
bienvenida, pues apenas eran las 11:30 de la mañana y el ya llevaba una cerveza
en cada mano, una para cada uno, sin dudarlo tome la mía y entre platicas y
risas me abrazo por el cuello y me mostró toda la casa, había un baño de
ensueño con una hermosa tina blanca con patas en color aluminio y llaves en el
mimo tono, una cocina que parecía sacada de un cuento de mis abuelos, era una
casa grande, pero me llamo la atención que una de las recamaras había una
pequeña maleta color blanca sobre la cama, no hice pregunta alguna y seguí con
mi cuñado el recorrido, pasamos del patio al corral y vimos sus árboles
frutales, limón, lima, naranja y un pequeño viñedo en una esquina, olía a
campo, era aire freso, podía sentir como mis pulmones se regocijaban entre
tanta pureza.
Mi
cuñado se comenzó a disculpar por anticipado conmigo pues me explicaba que por
cuestiones de trabajo ese día no nos podría acompañar a celebrar el cumpleaños
de mi hermana, pero que al día siguiente estaría ahí para seguir con el
festejo, entre la disculpa y la charla nos dirigimos a la sala donde ya hacia
la voz de mi hermana y de alguien más que no podía distinguir por el momento,
pasamos la gran puerta de madera y entramos en la sala, fue entonces que vi con
quien estaba mi hermana, era mi prima Ariana, la tercer hija de la 2 Hermana de
mi papá, me quede sorprendido de verla, yo era mucho mayor que ella y hacía más
de 8 o 9 años que o la veía, siempre fuimos inseparables a pesar de la
diferencia de edades, solía llevarla a comprar caramelos y por su edad tenía
que tomarla de la mano, pero esa tarde ella estaba desbordantemente hermosa,
había dejado la niñez hacia algunos años atrás y se había convertido en aquella
maravillosa mujer entallada en unos jeans azul vaqueros, una blusa blanca de
cuello y diminutos botones y para regodearse que estaba en un pueblo chapado a
la antigua llevaba puestas unas botas lisas en color negro, me quedé atónito,
mas fue ella quien corrió a mi encuentro y se lanzó sobre mí y se abrazó de mi
por el cuello, yo por su puesto la rodé de la diminuta cintura y le di un
fuerte apretón, al momento de separarnos ella sin dudarlo me dio un golpe en el
hombro que me sacudió mientras me gritaba:
–
Tonto, te fuiste del pueblo y jamás supe nada de ti, te extrañaba
Entre
risas y empujones yo me senté en el sillón donde ella estaba y ella se abalanzo
sobre mí diciendo:
–
Este era mi lugar
A lo
que conteste:
–
Era, tú lo has dicho
Pero
sin más se quedó sentada ahí sobre de mí, comenzamos a platicar los 4 de que
hacia cada uno en su vida, poco después mi cuñado se despidió, fuimos hasta la
puerta a despedirlo y mientras el mi hermana ya hacían su melosa despedida
mientras que mi prima y yo solo sonreíamos sonrojados diciéndoles:
-
Váyanse a un motel –
Mi
cuñado desapareció al final de la calle para regresar al día siguiente,
mientras tanto yo les decía que eran todas mías y que ese cumpleaños seria
inolvidable.
El
plan era comenzar el festejo en el Bar llamado “León Cantante”, el más
concurrido del pueblo, le pedí a mi hermana que me diera santo y seña de donde
se encontraba el lugar para poder ir a reservar lugares y no quedarnos
esperando mesas, y así fue, salí de la casa y me dirigí al lugar donde ya hacia
la puerta entre abierta, el bar se encontraba en un segundo piso de una finca
ubicada casi en el centro del pueblo, abrí la puerta y subí las escaleras las
cuales se veían amenazantes, no a la subida si no al regreso de la fiesta de
esa noche. Entre en el lugar, era grande, si y las mesas eran pequeñas y
redondas rodeadas cada una de 4 bancos, la barra se encontraba al final del
lugar donde ya hacia una persona lavando algunos vasos y copas. Amable mente me
saludo y se presentó “Toño” quien era el intendente del lugar así como el
responsable de dejar todo listo para que los sábados y los domingos el lugar
fuera de los más confortable para los clientes, comencé a explicar a este
amable señor las intenciones de festejar el cumpleaños de mi hermana Alma en el
lugar, no había terminado de decir el nombre de mi hermana cuando el hombre
dijo:
– No
me digas que eres hermano de Almita Lozano
Asentí
con la cabeza y me dijo:
-
Para nuestra mejor clienta lo que se necesite
Por
un momento me quede pensando a que se refería con “nuestra mejor clienta”, por
mi mente paso la imagen de una hermana que todos los días se emborrachaba en
ese lugar pero a la vez se contradecía mi pensamiento pues hasta donde yo
conocía a mi hermana ella no era capaz de perder la razón en una borrachera,
hasta que Don Toño me aclaro que mi cuñado les vendía todo el forraje para el
ganado a sus patrones, los dueños del lugar y un suspiro llego hasta mí.
Me
invito a pasar por un costado de la barra y me mostró unas pequeñas escaleras
en forma de caracol que iban hasta la planta alta del bar, parecía que daban a
la azotea y comenzó a subir por ellas, eran más amplias de lo que parecían y al
llegar a la parte alta me di cuenta que la azotea se había convertido en una
terraza hecha con troncos gruesos de madera y el techo era de tejas
perfectamente alineadas, desde ahí se tenía una hermosa vista panorámica del pueblo,
en el extremo contrario a la calle había una pequeña barra de material pintada
en color negro con un espejo grande en la parte posterior, al rededor del lugar
había 6 mesas un poco más altas que las que se encontraban en la parte de abajo,
pero era el mismo concepto y en vez de bancos había sillas, en el centro del
lugar había un espacio que parecía pista de baile, y más a las orillas del
sitio, pegado al barandal que daba a la calle había sillones para 2 personas
color chocolate con pequeñas mesas de madera a los lados.
Mientras
yo admiraba la vista desde el barandal que daba a la calle Don Toño me explico
que podíamos rentar esa parte del bar para celebrar, en el extremo opuesto por
donde subimos me mostró una escalera de material con barandal de herrería y el
clásico piso de cuadros rojos y grises que tenía toda la terraza, diferente a
la que utilizamos para subir que daba hacia una finca a lado y me menciono que
la entrada a esa área no era directamente por el bar si no por la casa de los
dueños, me siguió explicando que la iluminación en ese sitio por la noche era
espectacular y todos los detalles y pormenores que hacían de ese lugar el
indicado para celebrar.
Sin
pensarlo dos veces saque de mi pantalón el celular y le marque a mi hermana
dándole los detalles de lo que estaba viendo, mi hermana no se mostró poco
sorprendida pues al parecer ya había estado en el lugar, yo por mi parte le
afirme que sería ahí la fiesta y que yo me encargaría de los preparativos. Le
confirme al amable a Don Toño que quería rentar el lugar y el saco de su bolso
un radio pequeño y llamo a un tal Luis quien le dijo que esperáramos ahí un par
de minutos y estaría con nosotros. Efectivamente después de unos cuantos
minutos y un par de cervezas que me ofreció el amable intendente, se escuchó
como alguien subía por las escaleras que dan hacia la casa, era un hombre de
baja estatura, delgado y con una finta demasiado desalineada, Don Toño se me
adelanto al paso y le dijo:
-
Don Luis es el hermano de Almita Lozano, quiere rentar el lugar pues es
cumpleaños de su hermana –
Era
el tipo más sencillo y agradable que pude ver en mucho tiempo a pesar de la
fortuna que parecía tener y fui presentado formalmente y entre platicas, risas
y cervezas fue finalmente con él fue con quien acorde precios, bebidas,
horarios y todo tipo de detalles que podrían quedar pendientes para la fiesta,
el tipo era tan detallista que hasta de la decoración hablamos.
Una
vez que todos los detalles estuvieron listo regrese a la casa donde encontré a
mí hermana en la concina preparando de comer, mi prima no estaba con ella solo
la acompañaba Irene, la muchacha que le ayudaba con el quehacer de la casa y
las tareas del hogar, que olor el que penetro mi nariz, parecía el elixir de
los dioses, aromas que hacía años no llenaban mis paladares, mi hermana me dijo
que la comida estaba casi lista, que fuera por Ariana quien estaba en su cuarto
para comenzar a comer. Recorrí el amplio patio y me dirigí hacia la habitación
contigua a la mía donde había visto aquella pequeña maleta y con sigilo abrí la
puerta y me lleve una grata sorpresa, ahí estaba mi prima parada de puntitas
intentando alcanzar algo de la parte superior del ropero, estaba metida en la
blusa blanca pero ya sin pantalón y solo vi una delicada tanga blanca y lisa
que se asomaba por debajo de la blusa, trague saliva e iba a regresarme para
cerrar la puerta y tocar nuevamente cuando ella me vio y sin menor preocupación
me hizo un ademan para que entrara mientras me decía:
–
Entra, entra, que no te de pena, si nos bañábamos desnudos en el rio, lo que
tienes lo conozco y lo que tengo ya lo conoces
Me
sonroje más de lo que pude imaginar mientras ella se burlaba de mi color, fue
hacia mí y me jalaba del brazo para introducirme en su cuarto, yo hacía como
que no quería verla pero las miradas se me escapaban, se me venían las
inocentes miradas de cuando de niños nos bañábamos en el rio, ya no era su
cuerpo el de una pequeña niña y si no el de aquella delgada señorita que me
recibía esa tarde. Me pidió que le ayudara a colgar su ropa y que se pondría
una falda larga, de color blanco y lisa de una tela más delgada para estar más
cómoda pues el calor comenzaba a sentirse más fuerte cada vez. Una vez que ella
se metió en la falda y que su ropa estuvo acomodada nos recostamos en la cama,
yo con la cabeza hacia el lado de la cabecera y ella al inverso mío, comenzamos
a recordar los momentos que habíamos pasando juntos de niños, todas aquellas travesuras
que juntos habíamos planeado y realizado, aquellas tantas veces que mi hombro
fue su pañuelo o que su regazo fue mi refugio a las desilusiones amorosas, en
un tono de voz más suave casi susurrante y mientras me tomaba de la mano me
dijo:
- Yo
hubiera deseado un novio que fuera como tú, que me comprendiera y me entendiera
como lo hacías tú –
Nos
quedamos por unos segundos en silencio mientras que sentía el calor que emanaba
su pequeña mano que ya hacia envuelta en la mía y casi sin que se escucharan
mis palabras le dije:
– Yo
hubiera deseado lo mismo y no la he encontrado porque he puesto el modelo de la
mujer perfecta demasiado alto, pues deseo una mujer como tú
Sentí
como su mano apretó la mía, sentí sus suaves dedos acariciarme lentamente,
cuando de pronto Irene toco a la puerta varias veces mientras nos decía:
– La
señora les llama a comer
Más
asustados que nada nos levantamos y en el acto nos vimos por unos momentos a
los ojos, una sonrisa traviesa y furtiva salió de nuestros labios mientras y
salimos corriendo a la cocina. En la mesa ya había servido un delicioso
platillo que contenía un mole rojo claro con pollo, sopa de arroz, y una enorme
jarra de agua de limón, mi hermana voltio hacia mí y me dijo, para que
recuerdes la comida de la Abuela, desde la primer cucharada me hundí en el
recuerdo de aquellos sabores.
La
tarde se nos pasó más rápido de lo que esperábamos, plática, risa, comida,
postre. Calló la noche y la obscuridad se apropiaba del pueblo y cuando menos
lo imagine me vi en el cuarto arreglándome para la celebración que había estado
planeando unas horas antes en aquel bar. A diferencia de mi hermana y mi prima
que estuvieron planeando toda la tarde que ponerse yo solo me di un rápido
regaderazo con agua helada, de mi maleta agarre unos jeans azul marino y una
camisa blanca de manga larga, zapatos negros, perfumado con Hugo Boss y un poco
de gel en el cabello estuve listo para partir, de hecho me fui antes que ellas
para ver que los preparativos estuvieran listos a la llegada de la festejada. A
mi arribo al bar todo estaba perfectamente organizado cuando yo llegue, en la
casa del dueño del Bar se encontraba ya una delgada edecán modestamente vestida
de negro y con el pelo recogido que recogería el boleto de ingreso y los
llevaría por un estrecho pasillo hasta el pie de la escalera, subiendo las
escaleras lo primero que te recibía era un mesero que te ofrecía un ponche de
Jamaica listo para entonarte por toda la noche. Los invitados comenzaron a
llegar poco a poco y el lugar se fue abarrotando de amigos de mi hermana y
míos, muchos que no veía desde la infancia. Teníamos listo el mariachi que
tocaría una hora a la llegada de mi hermana y la recibiría con las alegres
mañanitas y en efecto, al punto de las 10:32 vi como mi hermana iba subiendo
las escaleras con un vestido entallado y maravillosamente radiante color lila,
con su maquillaje perfectamente aplicado, era la perfección de una mujer,
taconcitos plateados y todo el juego de joyas en color tinto lleno de preciosas
piedras, el collar, los aretes y el brazalete, más mis ojos se vieron desviados
segundos más tarde cuando vi cómo iba apareciendo la figura de mi prima de tras
de mi hermana, el mariachi en mi mente parecía que enmudecía y yo no podía
quitar la vista de ella, con el pelo perfectamente alaciado el negro era más
intenso, sostenido solo con un pequeño prendedor plateado a un costado de la
cabeza, maquillada en colores marrón sus ojos resaltaban más de lo inusual, su
cuerpo era cubierto por un vestido color azul marino, el escote era en “ve” y
tenía dos pequeños tirantes, bajo los pechos tenía un listón con una flor de un
tono un poco más suave y la demás tela caía libremente hasta los muslos de
ella. Sus piernas parecían recién bronceadas, torneadas y perfectas tenían un
ligero brillo. Llevaba puestos unos tacones en color plata que hacían juego con
la gargantilla que tenía puesta, una fuerza en mi interior me hizo desviar la
mirada y salí corriendo hasta donde ellas y abrace a mi hermana para desearle
un feliz cumpleaños, la tome de la mano y con el vaso lleno de ponche en la
otra alce la voz y grite:
-
Viva la festejada...!!!
La
tome de la mano y las lleve hasta la mesa principal.
La
fiesta transcurría y entre bailes y cantos, las miradas se comenzaron a hacer
furtivas entre mi prima y yo, había momentos en que no podíamos dejar de
vernos, y aun que mi hermana estaba siempre sentada entre nosotros nos
dejábamos llevar, de pronto un amigo de mi hermana la saco a bailar y me
acerque a ella para poder platicar mejor, hablábamos de todo y al regreso de mi
hermana se sentó a un lado mío, yo no pude contenerme más y por debajo de la
mesa deslice mi mano hasta tu rodilla, tu mano fue al encuentro de la mía y
lejos de arrebatarla de ahí como yo me estaba imaginando, la tomo con suavidad,
sentí como la piel comenzó a hervirme y para no verme tan obvio saque la mano
momentos después, la noche siguió su curso y la saque a bailar, fuera lo que
fuera estábamos ahí bailando, de pronto impulsado por, no sé qué fuerza, la
tome de la mano y le dije a mi hermana que iríamos a la casa por su regalo,
ella insistió en que nuestra prima se quedara pero yo le dije que no, que iría
conmigo y así comenzamos a bajar las escaleras rápidamente y en vez de
dirigirnos hacia la puerta de salida nos desviamos y corrimos hacia el baño,
ella desconcertada me pregunto:
-
Qué pasa –
A lo
que yo le conteste
– El
regalo está aquí en la casa, solo era un pretexto para sacarte
Me
asegure de que no hubiera nadie en el baño de los hombres y le di unos billetes
al joven que se encargaba de mantenerlos limpios y para que mencionara que
estaba fuera de servicio cada vez que alguien fuera.
Una
vez adentro la puse de espaldas contra el lavamanos el cual era una loza grande
con 3 tarjas de metal y un gran espejo en frente perfectamente lustrado, yo me
pare frente a ella, mientras ella me tomaba por el cuello, yo me acerque
suavemente hasta llegar casi a sus labios, ambos sabíamos que era lo que seguía
y lo que queríamos, nos quedamos tan cerca unos instantes que sentía como su
aliento rosaba mis labios, acto seguido nos fundimos en un beso suave como para
liberar la presión, pero seguido a este vino uno tan apasionado y tan profundo
que parecía duraría toda la eternidad, mientras que apenas podíamos respirar,
yo la abrazaba por la cintura y ella prácticamente colgaba de mi cuello,
entrelace mis dedos en su cabello mientras sus manos fuero por a dar a mi
espalda la cual comenzaron a acariciar con tal suavidad que de pronto sentí
como mi cuerpo se estremecía de escalofríos pues la delicadeza de sus dedos
sobre mi ropa se sintió como una ligera brisa.
Con
un frenesí que parecía casi incontrolable ella comenzó a besarme el cuello,
sentía la humedad de sus labios en mi piel, yo la tome por la cintura y sin
dudarlo la levante hasta sentarla sobre el lava manos, me metí entre sus
piernas y me situé justo frente a ella y comencé a besarle el cuello, mientras
le sostenía la cabeza con mis manos, no tenía tantos obstáculos pues su vestido
tenía solo dos diminutos tirantes que hice a un lado y así pude llegar hasta
sus hombros con facilidad, mis manos llegaron hasta sus muslos y un suspiro de
su boca salió sobre mi oreja lo cual me estremeció, sentí como ese ligero aire
caliente penetraba hasta lo más profundo de mi oído, mientras la besaba mis
manos comenzaron a recorrer su piel suave, no quería avanzar tan rápido pues no
quería estropear el momento pero fue su mano desesperada la que halo mi brazo y
sin dudarlo llegue hasta la parte más alta de sus piernas por la parte exterior
pero debajo de la falta hasta donde estaban las orillas de una fina prenda que
comencé a arrebatarle con desesperación mientras ella llevaba sus manos hasta
la hebilla de mi cinturón y comenzaba a desatarlo a jalones, la diminuta prenda
que con mis manos iba quitando la vi aparecer entre sus piernas, era una
preciosa tanga de color blanca con un ligero toque de encaje lista para quedar
tendida en el suelo como era mi deseo, di un paso atrás para poder juntar sus
piernas y dejarla caer al piso, mientras me detenía a contemplar como la
despedía de entre sus piernas ella ya batallaba con el botón de mi pantalón, me
miro y sonrió pues no podía desabotonarlo pero con mi ayuda pronto saltamos ese
obstáculo y presurosa bajó el cierre, yo quite las mano para dar paso a las de
ella que con un movimiento suave llevo su mano hasta la orilla de mi bóxer
negro liso, que ya hacia pegado a mi piel introdujo su mano debajo se éste
hasta alcanzar mi miembro el cual fue sacando lentamente de su prisión, bajo mi
bóxer dejando mi miembro al descubierto, se tomó solo unos segundos para verlo
entre sus manos, acariciarlo con suavidad, en ese momento pareció que todo se
detuvo, sentí la suave calidez de su mano sobre él, yo levante la mirada y ella
se tomaba el tiempo para contemplarlo mientras que en mi la excitación
aumentaba con cada dedo que sentía lo recorría, mis manos no pudieron quedarse
quietas y fueron lentamente, centímetro a centímetro desde sus muslos hasta sus
pechos, que por el vestido que traía puesto intuí no había ropa interior,
cuando mis manos por fin los tocaron, me di cuenta que acerté, sentí como su
duro pezón rozaba con la palma de mis manos mientras que con ellas los abarcaba
y acariciaba, no pude esperar más suavemente deslice los tirantes y vi cómo
iban apareciendo poco a poco, lo hacía tan lento como podía, para mí era un
espectáculo maravilloso, era como abrir el mejor regalo que jamás haya
imaginado hasta que por fin los dos estuvieron al aire y mis dedos los
sostuvieron piel con piel, no pude aguantar más el momento y la tome por la
cintura, la acerque al borde del lava manos, ella con su mano firme dirigió mi
miembro hasta debajo del vestido, nuestras miradas se cruzaron dejando salir de
nuestros labios una ligera sonrisa como asintiendo lo que haríamos, con su otra
mano me tomo del cuello y me fue atrayendo hacia ella, yo sentía como me iba
acercando, sentí su piel en mí, me percaté de que en ese sitio todo era
perfecto, no había ni un solo bello que molestara, ella estaba perfectamente
depilada de todo, entonces pude sentir como me abría paso entre su humedad y su
calor, suavemente me fui introduciendo en ella, comencé a sentir como su
humedad bordear mi piel, ella dejaba caer su cabeza hacia atrás mientras yo no
dejaba de presionar, poco a poco fui quedando más adentro de ella, retiro la
mano y se sostuvo del lavamanos y dejo salir un fuerte suspiro seguido de un
delicioso gemido, una vez que estuve en la profundidad de su ser comencé a
balancearme con suavidad hacia adelante y hacia atrás, sentía como entraba y
salía cada centímetro de nuestros cuerpos, mientras que de su boca escapaban
pequeños gemidos, aprisionados lo más dentro posible pues cualquier ruido
fuerte se escucharía fuera de la puerta que por esos momentos nos brindaba el
cielo en un baño de caballeros.
Los
movimientos se comenzaron a hacer más y más intensos, el sudor en mi frente
comenzó a hacerse presente mientras que ella cada vez podía contener menos los
gemidos, sentía en mi como su humedad escurría entre sus piernas lo que elevaba
mi excitación más y más, sus pechos se balanceaban al compás de aquel que
parecía un baile excitante, me detuve repentinamente, salí de ella y la tome de
la cintura, con suavidad la baje del lavamanos, le di la vuelta y la puse
contra él, podía ver su rostro por el espejo, en él había un gesto de placer
que me hiso excitarme aún más, ahora estaba yo detrás de ella, con mi mano
izquierda puesta sobre su espalda la incline un poco mientras que con mi mano
derecha tomaba mi miembro y lo apuntaba nuevamente para comenzarlo a
introducir, ahora veía en el reflejo del espejo su cara llena de un dolor
placentero mientras yo la embestía una y otra vez ahora con más firmeza,
levante el vestido hasta la altura de la cintura, podía ver sus maravillosas
nalgas de un tono hermoso y una suavidad increíble, comencé a acariciarlas con
suavidad. Ella comenzó a gemir, cada vez más fuerte, llevo su mano entre las
piernas y me di cuenta que con sus dedos se comenzaba a masturbar mientras yo
la penetraba, el momento fue muy excitante, la intensidad de mis embestidas
creció más y más y de pronto vi por el espejo como su rostro se llenaba de
placer y los gritos esta vez fueron incontenibles, vi entonces por el espejo
como tenía un orgasmo, su rostro brillaba más que nunca, mientras que con su
mano libre me tomo por la cintura para que me detuviera mientras ella
disfrutaba de esos segundos de placer que en ese momento parecieron eternos, y
pude sentir ante la ausencia de movimiento como se estremecía todo su ser.
Conmigo
totalmente adentro y hasta los más profundo de su ser y con la humedad entre
nuestras piernas, comenzó con su cintura a hacer pequeños movimientos en
círculo, yo sentía como rozaba toda su piel en mí, lentamente se fue
enderezando mientras yo salía de ella, se recargo de espaldas a mí y la abrace
por la cintura mientras nos veíamos por el espejo, nos quedamos así unos
instantes, la respiración de ambos volvía a la normalidad, mas mi rigidez
seguía ahí pues yo no había terminado aún, esto a ella no le importó y se
volteó hacia mí y me dijo:
– Es
tiempo de que regresemos pues puede sospechar algo –
No
podía decir nada pues en el acto ella se comenzó a acomodar el vestido y el
peinado, yo sin reclamaciones recogí la diminuta tanga que ya hacía en el piso,
se la iba a entregar pero ella me dijo:
–
Guárdala en tu bolsillo pues esto no ha terminado, la noche es larga y la
aprovecharemos –
No
lo dude más y la metí en el bolsillo del pantalón, nos dimos un último beso
rápido y ella antes de salir hecho un último vistazo al espejo, se apartó unos
pasos de mí y me preguntó
-
¿Se nota que no traigo lo que tú tienes? –
El
vestido tenía la suficiente caída para disimularlo así que la respuesta fue
negativa con un movimiento de mi cabeza, me dijo:
–
Eres el único que lo sabe, ¿no te excita? –
Yo
ya con los pantalones abrochados y listos la tome de la mano y le dije:
–
Sí, si me excita y me excita demasiado –
Y
salimos del baño, el joven de la limpieza que se encontraba sentado a un lado
de la puerta, solo sonrío pero sin decir nada, retiro el letrero de la puerta
que decía “fuera de servicio” y siguió con su trabajo, comenzamos a caminar
hasta la sala de la casa donde ya hacia una pequeña caja en color plateado
perfectamente alineada y con un moño enorme sobre de ella. Ese era el regalo de
mi hermana, lo había dejado ahí desde el momento en que llegue, y el pretexto
de salir por el funcionó, no estaba planeado, pero para mí había funcionado
como si lo hubiera calculado todo. Lo tome y rápidamente nos dirigimos hacia la
escalera, en el camino nos salió al paso Luis el dueño del lugar y nos detuvo:
-
¿Cómo se la están pasando?
Yo
le dije:
-
todo va de maravilla, la noche es joven y hay para un rato más.
El
volteo hacía con Ariana y me dijo:
-
Que bella novia tienes
Yo
le dije:
- No
es mi novia, es mi prima Ariana –
Los
presente formalmente, él se vio muy interesado en ella lo que hizo que la
sangre me hirviera por dentro, disimule mi molestia mientras que él le hacía un
puñado de preguntas con el fin de filtrear un poco. – ¿dónde vives, de dónde
eres, a que te dedicas? -
En mi
pensamiento dije: - Por favor, es mi chica esta noche y no la iba a dejar con
un tipo como el, amablemente le corte la plática y le dije
–
estimado Luis, me dio gusto verte pero es hora de darle el regalo a mi hermana
–
A lo
que él contesto, claro que sí y volteo con Ariana y le dijo:
–
Nos vemos allá arriba en un rato más –
Que
el tipo no vio que la llevaba de la mano, que se cree, le romperé la cara si se
le insinúa una vez más en mi presencia, pensaba mientras subíamos las
escaleras, ella noto algo y antes de llegar al bar me detuvo y me dijo,
- Soy
solo tuya, tranquilízate y disfruta la noche –
Sonreí
y le dije:
-
Porque me lo dices -
Me
miro y me dijo:
- Se
te nota a la distancia los celos, cálmate -,
Y en
un susurro al oído me repitió,
-
Esta noches y siempre seré tuya –
Y
seguimos avanzando hasta que llegamos a la terraza. En medio de una celebración
especial le entregue a mi hermana el regalo el cual contenía un viejo pero
hermoso collar de 3 enormes esmeraldas incrustadas en una hermosa obra de arte
que había pertenecido a mi bisabuela y que a ella siempre le había gustado, (el
collar había caído en mis manos debido a que mi abuela necesito dinero y se lo
preste con la garantía del collar a modo simbólico más nunca me imaginé que mi
abuela moriría y yo me quedaría con él.) La fiesta continuó y mi prima y yo nos
dimos un espacio pues yo tenía amigos con los que me fui a platicar mientras
que ella se sentó con la pierna más que cruzada en el sillón con mi hermana y
varias de sus amigas.
La
noche transcurrió entre copas, música, risas y platicas, de un lado al otro de
la terraza las miradas entre mi prima y yo eran lo más discretas posibles, ella
me sonreía a lo lejos y yo le devolvía el gesto entre las risas que salían de
la plática de mis amigos.
De
pronto pareció que todo se detenía, en mi interior se hizo un silencio
aterrador, Luis comenzaba a aparecer por las escaleras y venía a acompañado de
2 tipos con sombrero a media noche, camisas Ed Hardy llena de brillitos que
para mí eran más una mariconada que una moda, pantalones de mezclilla ajustados
y botas picudas, los 3 tipos se integraron a la fiesta y se instalaron cerca de
la barra, quise hacer como que nada había pasado y disimuladamente voltee en
dirección de con mi prima, la cual ya me estaba mirando y por debajo me hizo
una seña de que me tranquilizara. Por dentro pensé mil cosas y estaba dispuesto
a defender lo era mío, o al menos lo que creía era mío. Sin pensar idee la
mejor de las estrategias para mantener distraído a Luis y cual fue: Atravesé
toda la terraza y me dirigí hasta con él en la barra y comencé a platicar con
él, estaba dispuesto a entretenerlo toda la noche con tal de que no se acercara
a ella ni a un metro. Amablemente acepto a que me sentara con él en la barra y la
plática comenzó, hablamos de su infancia y la mía, de cómo nuestras vidas
fueron tan diferentes y de cómo la riqueza que el tenia había sido heredada y
no adquirida, el solo se hacía cargo de administrar los bienes que se le habían
confiado sin necesidad ni ganas de hacerlos crecer más. Yo sin embargo había
tenido que trabajar desde muy joven hasta para pagarme mi hospedaje lejos de mi
casa donde pretendía hacer una carrera y conseguir el trabajo que ahora me daba
para comprarme lo que tenía y que me sobrara un poco. En fin, platicamos desde
política, futbol y hasta religión, temas en los que jamás uno se pone de
acuerdo, pero tenía que estar ahí, los celos eran más que las ganas de dejarlo
salir de mi zona. Pero fue un descuido el mío que al voltearme para encender un
cigarro él se dirigió hacia ella y como puestos de acuerdo los dos tipos se
pusieron frente a mí para no dejarme ver que sucedía. No podía hacer más, no
tenía que ser tan obvio, no podía sacar a flote lo que ella y yo teníamos pues
somos primos y las cosas no debían ser así. Me volteé hacia la barra en manera
de resignación quizás no porque supiera que el tenia oportunidad con mi prima,
sino que lo envidiaba pues él podía mostrar su cortejo hacía con ella cuando
quisiera y donde quisiera y yo que ya la había tenido para mí, tenía que
soportar la lejanía de la noche. En lugar de regresarme con mis amigos me quede
sentado en la barra de espaldas y ajeno a todo lo que pasaba, no quería saber
más, no quería verlo ahí a él platicando con ella, pedí un caballito de tequila
y comencé a beber, pero cuál fue mi sorpresa que no llevaba ni 3 cuando Luis
regreso a mi lado y se sentó con la cara larga, tome valor y le pregunte:
-
¿Qué paso, a donde te fuiste? –
Volteo
y me dijo:
–
Hace mucho que una chica tan guapa no me bateaba, tu prima me encanta pero me
dijo que está casada y tiene hijos –
Le
dije:
–
Claro que no, te engaño –
Conteste,
reía en mi interior, las carcajadas las podía escuchar en mis entrañas, sin más
me levante de mi banco y lo tome del hombro y le dije:
-
Suerte para la próxima –
Inmediatamente
voltee para con ella y me hizo la seña de que fuera, pero no quería verme obvio
y le señale que en un momento.
Fui
a perder tiempo con mis amigos desde donde pude observar como Luis y sus
secuaces se alejaban del sitio y después nuevamente me dirigí con ella. Se
alejó de con sus amigas y nos fuimos a parar a un rincón del balcón desde donde
podíamos observar la calle, me platico que Luis había ido hasta con ella para
proponerle irse a un lugar más solitario donde pudieran ellos dos conocerse
mejor y como ella de la forma más educada le negó la invitación argumentando
que estaba casada y mostrando una sortija que se había comprado en una tienda
de baratijas. La tome por el brazo y nos fuimos hasta donde estaba mi hermana,
la fiesta continuo, yo pude respirar tranquilamente y nos sentamos juntos
nuevamente los tres, claro con la festejada en medio, para partir un pequeño
pastel, cantar a coro las mañanitas, bailar con ella y hacer todo lo que en una
fiesta normal se debe de hacer.
Ya
pegado el horario a las 5 de la mañana la gente comenzó a retirarse, ya solo
faltaban unas cuantas personas y nosotros, cuando de pronto se apareció por las
escaleras mi cuñado con una botella de cerveza corona en la mano, la cual yo
note que estaba llena y pienso que la tomo al inicio de las escaleras pero
subió con ella para hacer el teatro del borracho y con la banda de tras, más el
son de la negra a todo lo que daba y gritamos nuevamente, el ambiente que ya
parecía terminar se avivo de nuevo, mi cuñado me dio la cerveza a la cual
frente a todos le dio un par de tragos y de un tirón levanto a mi hermana, a la
cual le dio un fuerte abrazo y un beso que nos hizo a todos comenzamos a
gritar:
- “Sexo,
sexo, sexo...”
Pues
fue tan lago y tan profundo que parecía que no terminaría. Al son de la banda
comenzaron a bailar ellos y fue ahí donde aproveche y saque a mi prima a bailar
ahora no tenía pretexto de que la festejada estaría sola. La gente se aglomero
en el centro de la terraza y el baile comenzó de nuevo, ahora la podía abrazar
y ahí con nuestros cuerpos juntos disfrutamos de la banda y de la compañía de
la gente hasta las 7 de la mañana, hora en la que ya mi cuerpo y el de todos
los demás no podían más y juntos los cuatro caminamos hasta la casa.
Al
llegar ellos fueron directamente a su cuarto y mi hermana solo pudo articular
un par de palabras de despedida porque mi cuñado la besaba y jalaba hacia su cuarto,
mi prima y yo nos tomamos de la mano y comenzamos a recorrer el pasillo que a
esa hora ya estaba comenzando a clarearse, pasamos por la puerta de mi cuarto y
sin decir una palabra nos fuimos de largo, pasamos por la puerta del cuarto de
ella y seguimos caminando, hacia el final del pasillo había una pequeña banca
de madera, donde le hice la seña que se sentara y sin preguntar más lo hizo, yo
me hinqué frente a ella y con delicadeza comencé a desabrochar sus hermosos
taconcitos plateados, suavemente una vez desabrochado el primero lo fui sacando
se sus pies los cuales parecían estar bastante cansados pues la jornada había
sido larga y de la misma manera fui hasta su otro pie y le saque el tacón con
la misma delicadeza, me senté en el piso de espalda a ella entre sus piernas,
yo aún recordaba que yo tenía algo que a ella le faltaba y no quería
precipitarme a hacer algo por lo que con mis manos le tome los pies y los puse
en mis piernas y comencé a masajearlos, los movimientos eran suaves, lentos, y
mientras tanto ella llevo sus manos hasta mis hombros y con una ligera sonrisa
me dijo:
- nos
daremos masaje mutuamente.
El
silencio perduro por unos momentos hasta que ella irrumpió con una pregunta:
-
Está bien lo que estamos haciendo -
Deje
de masajearle los pies y ella hizo lo mismo con mis hombros, me levante del
suelo y me pare frente a ella, sin decir una palabra comencé a caminar hacia mi
cuarto, la pregunta se me había hecho tan fuera de lugar después de todo lo que
ya había pasado, claro decía en mi mente, claro que está mal, ante la sociedad
nadie aceptara que entre primos exista algo, pero ante el amor y ante mí, amar
a alguien como lo hicimos no tenía nada que ver, pero me aleje de esa manera
pues era mejor dejarlo así a poner ese tema en discusión con ella. Aun no
llegaba a mi cuarto cuando me alcanzo, yo escuche como sus pequeños pies
corrían tras de mí, sentí su mano entrelazarse con la mía, en la otra llevaba
los tacones sostenidos por la pequeña correa, volteo y me miro, me detuvo y me
dijo:
- Te
amo, siempre te he amado y no quiero estar un momento más lejos de ti, no me
importa que seamos primos, hermanos, tíos, sobrinos, lo que importa es el amor
que sentimos
Sonreí
y le dije a manera de broma:
- ¿y
si nuestros hijos nacen tontitos? –
Las
risas no se hicieron esperar pero las opacamos con las manos pues retumbaron
por toda la casa. Entramos en la habitación de ella y antes de comenzar nada
ella se paró frente a mí a un lado de la cama y me pregunto:
- ¿A
dónde llevaba todo esto? –
Yo
le dije:
– ¿Hasta
dónde quieras llegar? -
En
ese momento sus ojos parecieron abrirse más y brillaron como jamás lo habían
hecho, bajo la mirada y me pregunto:
–
¿Qué tanto me amas? –
Suspire
y me quede en silencio un momento, le conteste:
– No
sé qué tanto te amo, pero sé que siento algo muy grande por ti, algo que por
ninguna mujer he sentido, has sido mi modelo de la mujer perfecta que en mi
mente he creado y ahora te tengo aquí solo para mí –
Sonrió
y me tomo de las manos, sus labios se abrieron como intentando articular
palabras pero se quedó callada, apreté su mano y le dije:
-
Jamás te soltare, dime que me ibas a decir –
Nuevamente
levanto la mirada hacia mí y me dijo:
–
Eso es lo que quiero, que jamás me sueltes la mano, no quisiera estar lejos de
ti una vez más –
Eran
esas las palabras que quería escuchar realmente, mi corazón comenzó a latir con
fuerza y ella se inclinó sobre mi pecho, después de unos segundos yo solté mi
cuerpo sobre la cama y caí sentado frente a ella, la tome por las manos y le dije:
– Sé
que esto es una locura pero, quiero que vengas a vivir conmigo por mas
prohibido que esto pueda ser, yo estoy lejos de todo, lejos de la gente que nos
conoce, lejos de la gente que pudiera tacharnos de hacer algo indebido, se mi
mujer lo más lejos posible de aquí, por las cuestiones económicas no te
preocupes yo gano lo suficiente creo para mantenernos.
Se
entusiasmó tanto que la cara le brillo y los ojos parecía que se le
desorbitarían, quizás no sabía en qué me estaba metiendo pero de algo estaba
seguro, si estaba solo era porque las mujeres que siempre buscaba tenían que
ser como ella. Se sentó a lado mío en la cama y nos olvidamos por un momento
del sexo y comenzamos a hacer planes, la casa, los muebles y mil cosas más, me
di cuenta que tendría que reorganizar mi vida, que remodelaría mi departamento
y que necesitaríamos un auto más, pero eso no era nada que me preocupara, lo
que me preocupo fue lo que ella me pidió, decírselo a mi hermana, que fuera
ella la única que se enterara de la situación, eso realmente me preocupo y fue
ahí cuando quede en silencio, con una sonrisa traviesa me tumbo completamente
en la cama y se sentó sobre de mi con una pierna a cada lado de mi cintura, me
dijo, creo que ella ya lo sabe todo pues siempre ha intuido que entre tú y yo
hay algo, se agacho hasta mí y me comenzó a besar, para entonces el sol ya
hacía de tras de las cortinas del cuarto, la luz que se colaba dejaba ver su
silueta hermosa sentada sobre mí, con un movimiento me senté y ella quedo
sentada sobre y frente a mí, comenzó a desabotonar uno a uno los pequeños
botones de mi camisa, por cada botón que quitaba acercaba su boca hasta mi
pecho y me besaba con suavidad, todos fueron cayendo hasta que por fin el
ultimo desapareció, suavemente deslizo con sus manos la camisa y la fue
depositando en la cama, se recostó sobre mi pecho y con sus manos acariciaba
mis brazos que hacían que mi cuerpo se sostuviera inclinado en la cama para poder
estar sentado con ella encima, me comenzó a besar el cuello hasta alcanzar mis
orejas, introdujo un poco de su lengua en ellas, yo sentí la humedad y me
estremecí por un momento, se sentó bien frente a mí y comenzó a bajar los
tirantes del vestido, yo estaba dispuesto a no ayudar, a contemplar aquel
maravilloso cuerpo que ahora tenía enfrente y que estaba decidido a ser solo
mío. Poco a poco y como en cámara lenta el vestido fue deslizándose por su
cuerpo como una suave caricia, sus pechos quedaron al aire y puede ver como
lentamente su pezón se fue endureciendo, me fui enderezando poco a poco hasta
que quede en el filo de la cama y me puse de pie y ella junto conmigo, el
vestido callo sin obstáculo alguno hasta el suelo, ahora estaba ella
completamente desnuda frente a mí, pude ver la belleza de su cuerpo en todo su
esplendor, era perfecta, era realmente con lo que siempre había soñado, ahí
parado frente a ella le dije en voz baja:
– No
te muevas
Y me
aleje un paso de ella, quería realmente apreciar lo maravilloso de su cuerpo
perfectamente alineado, las curvas tan hermosas que se dibujaban en su cintura,
la redondez de sus pechos y la hermosa caída de cabello sobre sus hombros, sus
piernas parecían dos fuertes pilares maravillosamente torneados, y que decir de
su sexo, era hermoso, limpio, perfecto. Con las yemas de mis dedos comencé a
acariciar sus caderas lo que le provocó un pequeño cosquilleo que hiso que me
sentara de nuevo en la cama, se inclinó ante mí y comenzó a desabrochar mis
zapatos, los saco uno a uno de su lugar y los calcetines no fueron gran prueba
a superar pues cuando menos me lo imagine ellos ya no estaban. Se paró y me
hizo parar frente a ella, con ambas manos comenzó a desabrochar el cinturón y
con una sonrisa me dijo:
–
Ahora si podré
Yo
estaba inmóvil, solo la veía como lo hacía, cuando de pronto sentí que la
hebilla quedo suelta y siguió con el botón que antes no había podido
desabrochar, pero ahora y con el tiempo sin presionar lo hizo suavemente y este
cedió ante sus dedos, la risa de triunfo no se hizo esperar, se acercó a mí y
me abrazo, sentí sus manos en la espalda, me di cuenta que iban recorriéndose
más y más hacia abajo y con ellas se llevaron el pantalón y el bóxer y al pasar
por mis nalgas juguetona me las apretó, el pantalón y el bóxer cayeron juntos
hasta el piso y con la ayuda de su pie saque los míos, me dijo:
– No
te muevas
Y se
alejó de mí un par de pasos, me dijo:
-
Quiero verte completo –
Como
a manera de burla cruzo sus brazos y puso su mano en la mejilla a modo de
observadora, pues yo había hecho lo mismo. Me examino con la mirada, iba de
arriba abajo, con una seña de dedos me pidió que diera una vuelta y entre
sonrisas me la di rápidamente, no había concluido la vuelta cuando se abalanzó
sobre mí cuello y caímos juntos en la cama, ella se postro sobre mí y me dijo:
–
Ahora es mi turno de moverme –
Lentamente
nos acomodamos más al centro de la cama, con suavidad coloco una almohada en mi
cabeza y una vez ahí ella comenzó a recorrerse hacia atrás, hasta donde tuvo mi
miembro a su alcance, lo tomo con las manos, lo acariciaba, pero al mismo
tiempo jugueteaba con él, se hizo más y más atrás y fue inclinando su rostro
frente a él, puso sus labios a unos centímetros de él, levanto la mirada y dejo
salir una bocanada de su aliento tibio que sentí como me toco, humecto sus
labios con la lengua y sin quitarme la mirada de los ojos toco la punta con los
labios, acto seguido suspire, pero nuestros ojos no se apartaban y con suavidad
lo fue introduciendo en su boca, fui dejando caer toda la tensión de mi cuerpo
al sentir aquella maravillosa sensación, ella cerro los ojos y comenzó a
introducirla una y otra vez, con su mano izquierda acariciaba mi muslo y la
otra sostenía mi miembro mientras hacía movimientos hacia arriba y hacia bajo
en dirección de su boca, yo podía sentir como su lengua húmeda rosaba la parte
interna, como jugueteaba con la punta de él, era una sensación que me excitaba
demasiado, con mis manos tome su cabeza y juntos comenzamos a movernos más y
más rápido, estuvo haciéndolo por varios minutos que realmente me parecieron
eternos pues la sensación era realmente maravillosa y excitante, ella se apartó
por un momento de ahí y yo aproveche para quitarla de encima y recostarla en la
cama, con una sonrisa le dije:
–
Ahora es mi turno –
Sonrió
pero mientras hacía esto se acomodaba en la almohada, yo me puse entre sus
piernas e incline mi rostro hasta su sexo, pude percibir ese maravilloso aroma,
levante la mirada y ella me miraba fijamente, yo me aleje un poco y ella dijo
con voz susurrante:
– No
me hagas esperar
Llevo
su mano hasta mi cabeza y lentamente me halo hasta ella, mis labios comenzaron
a tocar la tersa piel de su sexo, mi lengua fue saliendo lentamente de mi boca
y se fue abriendo paso entre su piel hasta lograr alcanzar esa pequeña
protuberancia que al mínimo roce de mi lengua te hizo estremecer, seguí
hundiéndola una y otra vez, rodeando con mi lengua ese pequeño tope que
encontraba entre tus piernas, era maravilloso escucharla gemir de placer
mientras le hacía sexo oral. Su respiración aumentaba cada vez más y sus manos
se aferraban con fuerza a mi cabeza, pareciera que no me daría tiempo ni de
respirar, más aun así yo no dejaba de hacer lo que a ella le daba tanto placer,
con mis manos acariciaba sus muslos mientras que con mi boca succionaba la piel
del rededor, mi lengua cansada de tanto jugueteo hacia los últimos movimientos
hasta que ella con una pequeña seña golpeteo la cama como invitándome a
recostarme, me postre justo a un costado de ella y mientras yo me iba
recostando ella se iba enderezando, me ayudo a acomodar la cabeza sobre la
almohada como si supiera que siempre me gustaba tener una almohada en la cabeza,
me sonrió y acaricio con suavidad mi rostro, se quedó unos segundos mirándome.
Suavemente se fue subiendo sobre de mí, sus piernas fueron quedando a mis
costados, con su mano tomo mi miembro y lentamente lo llevo hasta su sexo,
levanto la mirada y me dijo:
-
Ahora terminaremos lo que comenzamos.
Sonreí
y con la sonrisa fui sintiendo como suavemente iba introduciéndoselo en ella,
yo me quede inmóvil y dejé que ella sola se penetrara, la sensación era
maravillosa, su humedad, su calor, el roce de su piel, era la sensación más
maravillosa que había tenido en mi vida, que decir de lo que veía. Sobre de mí
el cuerpo perfecto que ya ahora con la luz que se colaba podía apreciar de
mejor manera, su rostro poco a poco se comenzó a llenar de placer, su boca se
entre abrió y se escuchó un ligero suspiro mientras iba introduciéndome en
ella, su cabello negro se movía suavemente sobre sus hombros, sus pechos firmes
y redondos se comenzaban a balancear al ritmo de sus movimientos. La cadera
tomo el mando y se comenzó a mover a un ritmo suave, lento, hasta que sentí que
llegue a lo más profundo de su ser. Puso sus manos sobre mi pecho y comenzó a
moverse de arriba abajo, una y otra vez, nuestras miradas se cruzaron por un
momento, el brillo de sus ojos era interminablemente increíble, su cabello y
sus pechos se comenzaron a balancear de manera más rápida pues ahora los
movimientos eran más y más rápidos, yo sentía como de ella comenzaba a emanar
una humedad intensa, sentía como se abría una y otra vez para mí, su pelvis
comenzó a frotarse contra mí, todo fue más intenso, su respiración, sus
gemidos, sus movimientos, cuando de pronto y de manera brusca hizo tanta
presión sobre mí que sentí como se me iba el aire mientras que ella soltaba un
grito de placer que se debió escuchar por toda la casa, después de este
vinieron unos más pequeños, el orgasmo se hacía inminente, su cara de
satisfacción fue en ese momento una imagen tan maravillosa que me quede quieto
admirándola, escudriñando en tu rostro cada gesto que hacía, cada movimiento
que de ella venia, su lengua humectando tus labios, sus manos perdiéndose entre
sus cabellos mientras inclinaba hacia atrás su cabeza, sus ojos cerrados como
buscando extender el orgasmo en la obscuridad de tu interior, se balanceo
suavemente hacia atrás y mientras regresaba sus manos al igual que su cuerpo
descendían suavemente y pude ver cómo se acarició el cuello, sus pechos, su
vientre hasta llegar a los muslos, ahí se quedó por unos momentos mientras que
mis manos ahora eran las que comenzaban el recorrido comenzando donde las suyas
se quedaron, siguiendo por su vientre donde lentamente bordee su ombligo con
mis dedos, con un poco más delicadeza llegue hasta sus pechos los cuales
sostuve con toda la palma de mis manos y suavemente fui retirándolas mientras
que mis dedos iban aprisionando poco a poco su pezón mientras se juntaban y por
último un pequeños estirón a estos que le hizo brincar. Puso sus manos en la
cama de tras de mis hombros y su rostro quedo frente al mío, se acercó a mí y
con un ligero movimiento unió nuestros labios en un beso pequeño, que, en ese
momento fue tan maravillosamente recibido. La tome de la cintura y lentamente la
fui alejando de mí, iba sintiendo como poco a poco salía de ella, era momento
de cambiar, y me vi decidido a tomar el control, con movimientos muy suaves la
recosté ahora a ella en la cama boca arriba mientras que nuestras miradas no se
separaban por ningún instante la acomode en medio de la cama, puse suavemente
una almohada en su cabeza, metí una de mis rodillas entre sus piernas y
suavemente fui separándolas hasta que me di cuenta que podía colocarme entre
ellas, entre suavemente en ese espacio, mis manos se postraron en sus costados,
incline mi cuerpo suavemente sobre el suyo y con ayuda de un movimiento sentí
como nuestros cuerpo se iban acoplando, todo era tan suave y tan coordinado que
parecía lo habíamos hecho mil veces antes y suavemente fui haciendo la presión
necesaria para irme introduciendo dentro de ella, sentí nuevamente su ser
vibrar, sus manos encontraron mi cuello y lo bordó con todos tus brazos, colocó
su frente con la mía y sin más demoras entre en ella completamente. Que
maravilloso es el sonido de un gemido de placer cuando brota suavemente en el
oído, la sensación entre aire cálido, humedad y placer hacen la mezcla perfecta
para que toda mi piel se comenzara a erizar, acto seguido comencé a balancearme
hacia adelante y hacia atrás, sintiendo como la penetraba una y otra vez, escuchando
su respiración sobre mi oído, todo fue aumentando más y más, se soltó de mi
cuello y me enderece un poco, nuestros ojos se encontraron nuevamente, me
hinqué frente a ella y levante sus piernas lentamente, las coloque sobre mi
pecho y así seguí embistiéndola una y otra vez, sentía como la su humedad me
llenaba cada vez más, podía ver su rostro lleno de pasión, de placer, eran
sensaciones inimaginables, todo mi cuerpo se mecía al compas de sus pechos, las
ganas no de quitarme de ahí jamás eran infinitamente grandes, poco a poco fui
inclinando mi cuerpo hacia ella y sus piernas en mi pecho se fueron acercando a
sus pechos junto conmigo, su pelvis se levantó un poco y la penetración comenzó
a ser más profunda, podía sentir como mi miembro se perdía en la profundidad se
su sexo y entre más presión hacia parecía que ella lo disfrutaba más, de pronto
todo mi cuerpo se llenó de una sensación de placer, su respiración se detuvo
por un segundo mientras que yo iba deteniendo el ritmo poco a poco, me enderece
y abrace sobre mi pecho sus piernas fuertemente, sus labios se abrieron más y
yo hice una última presión hasta lo más profundo que pude llegar y me detuve,
sus caderas se aferraron a mí, sus manos alcanzaron mis muslos y un gemido
mutuo comenzó a liberarse, llegábamos al orgasmo, de mi comenzó a brotar y ella
se comenzó a retorcer con movimientos lentos, sus manos fueron hasta sus pechos
que aprisionó con fuerza, yo mientras hacía pequeños movimientos, sus espasmos
eran tan fuertes que podía sentirlos en mí, así como ella podía sentir como me
venía dentro de ella, la sensación de calidez nos abrazó, nos quedamos quietos
por unos instantes, baje sus piernas cada una a un costados mío, me incline
hacia ella, lleve una mano a su rostro y comencé a acariciarla, ella con los
ojos cerrados respiraba profundamente, mientras que yo hacia el intento por
tranquilizar mi cuerpo un poco aun dentro de ella, nos quedamos así como
estábamos, me recosté suavemente sobre su cuerpo y sus manos fueron sin vacilar
a mi espalda y hacían pequeñas líneas con la punta de los dedos desde la base
del cuello hasta mis glúteos, mi cabeza estaba postrada a un costado de la de
ella, suavemente introdujo su mano por mi nuca hasta mi cabello y me sostuvo
por un momento mientas que con palabras suaves me dijo:
-
Siempre soñé con este momento
A lo
que yo le conteste:
-
Por nada en el mundo me hubiera podido imagina esto, es mucho más de lo que
creí.
Nos
quedamos ahí abrazados por unos momentos, nuestros cuerpos despedían un calor
increíble, las sensaciones eran maravillosas, lentamente me salí de ella y con
suavidad me recosté a su lado, con mi brazo rodee su cuello y ella se recostó
suavemente en mi pecho, y nos quedamos por ahí unos minutos, ella levanto la
mano izquierda frente a nosotros y yo levante mi derecha y en el aire nuestros
dedos se entrelazaron, podíamos ver como nuestros dedos se unían, jugueteábamos
con los dedos, acariciaba la palma de su mano, las entrelazamos una última vez
y las bajamos, nos recostamos de lado y nuevamente comenzamos a platicar de lo
que sería de nuestro futuro, las horas fueron interminables, los minutos
parecían no avanzar, teníamos tantas ideas, tantas ilusiones, las charlas
fueron largas y con el mejor sentido: estar juntos.
De
pronto todo se vio interrumpido, la puerta de la calle se abrió y cerró
frenéticamente, el portazo retumbo por toda la caza, por el pasillo se
escucharon pasos que se dirigían en el sentido de la recamara y después un se
hizo un silencio de unos pocos segundos, cuando de pronto, la puerta fue
golpeada 3 veces con cierto vigor, Ariana se metió bajo las sabanas y yo me
levante rápidamente, del suelo tome mis bóxers y camino a la puerta me los fui
metiendo, una vez frente a la puerta un suspiro profundo lleno mis pulmones y
me dispuse a hacer lo que era eminente, enfrentar a mi hermana.
Con
fuerza comencé a abrir la pesada puerta de madera y mi hermana que vestía una
ligera bata blanca, pequeñas sandalias lisas del mismo color, los brazos
cruzados y con el ceño fruncido me miro, por un instante, en esos segundos no
pude respirar, determinada con el brazo se hizo paso para entrar en la recamara
y al ver a Ariana en la cama se quedó de pie frente a ella.