RELATO: En el Hotel


Entrabamos por la puerta principal del hotel, tomados de la mano como recién casados llegamos hasta la recepción donde nos atendió un joven mozo quien tomo mis datos y nos entrego una llave y nos dijo que debimos mencionar que era una habitación para recién casados pues se incluían algunos regalos que él formalmente quedo hacernos llegar, nosotros disimulamos el gesto de este y solo nos dimos un apretón de mano para confirmar que estábamos en el mismo canal y le seguiríamos el juego. Caminamos por pasillos y subimos escaleras siguiendo las indicaciones de cómo llegar a la suite, la espera se hacía larga y el camino parecía interminable, desesperado por saciar mis ganas te detuve en uno de los pasillos, te puse contra la pared y con mis manos te sostenía firmemente de las tuyas mientras te miraba fijamente a los ojos, estabas ahí, frente a mi tan hermosa y radiante como no pude imaginarte jamás, tu mirada se poso en mis labios y sin más preámbulos, me acerque a ti y te bese intempestivamente, nuestros labios se humedecieron tan pronto como nuestras lenguas se encontraron, comenzaba la maravillosa batalla de un beso pasional, yo recargaba mi cuerpo sobre el tuyo aprisionándolo contra la pared, estabas sin salida, mi cuerpo, mis manos y mis labios te hacían mi prisionera, era dueño hasta de tu aliento, no te daba espacio para respirar, escuchaba tu jadear de desesperación pero ahí estabas, dejándote hacer mía por mis labios y mis ganas, mientras que mis manos soltaron las tuyas y comencé a recorrer el contorno de tu cuerpo comenzando por el cabello el cual acaricie suavemente y continué recorriendo tu cuerpo por los hombros, tus brazos se ataron a mi cuello nuevamente hallando refugio en él a ese intempestivo beso, yo seguí recorriendo tu cuerpo siguiendo por tu costado hasta llegar a tu cintura en la cual me detuve un segundo como para medir el tamaño de mis manos sobre ella, no deseaba continuar pero con las ganas de hacerlo no me quedaría, así que seguí tu contorno hasta llegar a tus glúteos, firmes y abundantes, en cuanto mis manos se posaron en ellos de tu boca salió un pequeño gemido entre toma de aliento y un susurro, acto seguido el beso se lleno de mas pasión, te tome firmemente de ellos y no te pensaba dejar salir de ahí, sentía en mis manos la excitación que me comenzaba a recorrer todo el cuerpo, te tenia para mi, y yo era tuyo. De pronto todo se interrumpió cuando a lo lejos del pasillo se escucharon unos pequeños golpecitos en el suelo, eran un par de zapatos de una mucama que se disponía a hacer la limpieza del cuarto aledaño a donde nos encontrábamos.

Reímos y salimos corriendo del lugar pues la mucama nos veía como pequeños delincuentes que se escapaban con algún botín, hasta que por fin llegamos a la puerta del cuarto, saque de mi bolso la tarjeta de la habitación y te la di, te dije – yo estoy dispuesto a entrar, pero quiero que seas tú la que me diga que también lo está. Giraste la mirada y me dijiste, -he estado dispuesta desde siempre- tomaste la tarjeta y sin dúdalo la deslizaste por el sistema de apertura de la puerta y sin detenerte entraste en la habitación, yo me quede parado unos segundos en la puerta viendo como entrabas en ella, veía tu cuerpo caminar, sentía tus pasos y comencé mi camino, ahí estaba la habitación,  con una enorme cama perfectamente tendida, la colcha en color beige perfectamente estirada parecía que era de piedra, la cabecera ligera en tono chocolate con un par de almohadones en color blanco ya hacían recargados en esta, a los lados dos pequeños buro del mismo color de la cabecera y sobre de ellos unas pequeñas lamparitas de noches cromadas con la pantalla en color arena, al pie de la cama un taburete tipo baúl donde te sentaste a ver como yo recorría la habitación donde también había un sillón rojo carmesí con un reposa pies perfectamente alineado, un pequeño tocador de madera, también en color chocolate con una luna ovalada con pequeños detalles grabados alrededor, la luz era intensa pues las cortinas en color verde pasto se encontraban corridas mas no había vista al exterior pues debajo de las pesadas cortinas había unas sutiles y delicadas color blanco que aun estaban sin correr. En la esquina de la habitación había una lámpara de pie que hacia juego con las de la cama, del otro lado una puerta que daba paso al baño, hermoso, de granito blanco decorado, una gran luna con un magnifico mueble que hacia resaltar, al fondo y tras un cristal transparente un jacuzzi de proporciones extraordinarias en forma de pentágono en el cual los juegos de llaves era sobrio en color plata, había sobre el mueble un juego doble de toallas perfectamente dobladas con las iníciales del hotel. Iba yo saliendo del baño y de acomodar mis objetos personales cuando tu sentada en el baúl al pie de la cama te comenzabas a descalzar, tus hermosos pies dejaban eso hermosos tacones y pisaban la alfombra, observaba como tus pequeños dedos se abrían para disfrutar el placer ser acariciados por aquella rica sensación de la alfombra bajo tus pies, te diste cuenta que te veía, giraste la cabeza y me sonreíste, con un gesto amable estiraste tu mano y me sentaste donde tú, te posaste frente de mi y comenzaste a desabrochar mis zapatos, lo hacías lentamente, yo veía como desabrochabas las agujetas y las aflojabas poco a poco para que fuera más sencillo, una vez que habías hecho esto con ambos comenzaste a sacarlos de mis pies, acto seguido y entre juegos y cosquillas me sacaste a tirones los calcetines blancos que llevaba puestos.

De pronto ambos nos quedamos callados, tú te levantabas sigilosa, parecía que no querías hacer ningún ruido te pusiste de frente a mí y yo quede callado, nos miramos y sonreímos, enseguida un ruido nos desconcentro, alguien había llamado a la puerta. Nos extrañamos tanto que no contestamos, pero insistentemente volvieron a hacer sonar tres golpes sobre la puerta, para ese momento tú te alzaste sobre de mi vos y preguntaste – ¿quién? - una voz femenina desde afuera nos contesto –“servicio al cuarto”- me volteaste a ver y me preguntaste -¿pediste algo?- con un movimiento de cabeza lo negué, seguido de un encogimiento de hombros tuyos te dirigiste hacia la puerta para abrir. Entro una mucama con carrito color plateado, llevaba un delicado mantel perfectamente colocado, sobre él venía una canasta llena de fruta perfectamente adornada con un moño maravilloso en la parte superior, contaba con manzanas, peras, algunas ciruelas, fresas y un botín de cosas más, aun lado de esta venia una hielera con una botella de champagne, era una botella Cordon Rouge que reconocí por su inconfundible cinta roja, la cual ya hacía en la hielera repleta de hielo, también estaban 2 copas perfectamente lustradas. Volteamos a vernos extrañados y una sonrisa se dibujo en nuestros rostros mientras la mucama decía en tono suave – perdón por no haberla preparado pero, no se nos dio la indicación de que eran recién casados - nuevamente volteamos a vernos pero esta vez tuvimos que contener la risa dentro de nosotros, mas dentro de mi me comenzaba a gustar la idea de que nos dijeran nuevamente eso, así como la idea del Cordon Rouge en nuestra habitación.

La mucama nos pregunto – les hace falta algo – ambos nos miramos y lo negamos con la cabeza, al mucama de dispuso a retirarse, yo disimuladamente la seguí mientras sacaba mi cartera aun en el bolsillo derecho de la parte posterior del pantalón, y le di una generosa propina que pensaba yo se merecía, pues el gesto de la botella para los “recién casados” se me hacia un juego maravilloso.

Cerré la puerta tras de ella y no me di cuenta que venias tu tras de mi caminando con algo en la mano, sonreíste y levantaste un pequeño letrero de puerta que decía “No Molestar” sin demora abrí la puerta, y bajo la agarradera lo coloque, aun no había terminado de girar mi cuerpo cuando sentí como te abalanzabas sobre mí, me agrazaste fuertemente y sonreíste a mi oído diciendo – mi nuevo marido, nunca ha sonado mal – asentí con la cabeza, me tomaste la mano y comenzamos a caminar hacia la habitación.

Tú corrías las cortinas completas de la ventana mientras yo me disponía a abrir la botella y servir un par de copas las cuales puse entre mis manos y me dirigí hacia el balcón donde ya hacías tu viendo la majestuosa vista de la ciudad, llegue hasta ti y te abrace por la cintura mientras te ofrecía la copa la cual tomaste con delicadeza, te giraste hacia mí y me dijiste brindemos por los nuevos esposos y entre sonrisas comenzamos a beber el champagne.

Después de dos tres tragos que bebimos nos comenzamos a besar, estábamos dispuestos, entramos a la habitación mientras nos besábamos, dejamos las copas sobre la pequeña cómoda yo te aprisione con mis brazos, no estaba dispuesto a dejarte escapar mientras que tu hacías lo mismo con las tuyas sobre mi cuello, quería fundirme en ti, tus manos comenzaron a acariciar mi cabeza suavemente mientras que con mi mano derecha yo hacía lo mismo con tu rostro, recorría tus mejillas como el mármol más cálido y terso que mi piel hubiera podido en su vida tocar, con delicadeza comencé a deslizar el saco que aun llevabas puesto, comencé con los hombros los cuales inclinabas un poco para que fuera más fácil retirarlo, lo deslice entre tus brazos para que así quedara a la vista una hermosa blusa blanca abotonada y perfectamente planchada que llevabas bajo el saco, tu metiste tus manos entre mi cabello y yo pude acariciar más de cerca tu espalda, la cual frotaba sin premura y con la mayor delicadeza posible. Entre el los besos comenzamos a caminar hacia la cama yo iba de espaladas a dando pasos pequeños cuando de pronto y sin darme cuenta me llegue a ella y caí sentado sobre la orilla de un lado de la cama, te paraste frente a mí y pude ver entonces el contorno de tu piel tras la blusa blanca que ahora deseaba tanto desabotonar, pero me ganaste en el acto y pusiste tus manos sobre mi cuello, comenzaste a recorrer tus manos sobre mi piel hasta llegar al primer botón, el cual tomaste con los dedos mientras tus ojos fijos en mi no deseaban parpadear, sentí entonces como salía de su lugar el primer botón de mi camisa, tu metiste tus manos por el hueco que ya hacia ahora más abierto que antes, yo sentí sobre mi piel tus cálidas manos recorriéndome, sacaste tus manos de debajo de mi camisa y tomaste mis manos, las llevaste hasta tu cintura y dijiste – ahora es tu turno, por donde quieres comenzar, por los de abajo, o por los de arriba – sonaba a un especie de juego más sin embargo yo tenía que elegir.

Lo dude un segundo más mis dedos iniciaron el juego por el ultimo botón de tu camisa, lo tome con delicadez era pequeño y liso y comencé a sacarlo de su lugar, con mis nudillos apneas roce tu vientre y de ti vino un ligero suspiro en el momento de que este estuvo fuera, tú me tomabas por la cabeza y con un suave movimiento la levantaste para que nuestros ojos se encontraran y con una voz suave dijiste – ahora es mi turno -. Me paraste frente a ti y tus manos no llegaron al segundo botón de mi camisa, deslizaste tu mano por todo mi pecho y seguían recorriendo mas y mas abajo hasta llegar al cinturón, con suavidad y sin quitar la vista de él comenzaste a desabrocharlo suavemente, era una hebilla convencional, nada difícil de desabrochar, mas se necesita un poco de fuerza para desanclar el bastón que lo sostiene y justo así fue como lo hiciste, con firmeza, una vez desabrochado comenzaste a jalar por el lado de la hebilla mientras que iba abandonando mi pantalón poco a poco yo sentía como una a una las pretinas de mi pantalón lo apartaban mientras que tu rostro dibujaba una sonrisa traviesa, una vez fuera me miraste y me dijiste, - es tu turno y puedes quitar una sola cosa de mi -, no pensé en la falda, pues creo que sería demasiado rápido, por lo que tome la decisión de desabotonar uno mas pero esta vez de arriba, te gire y te deje de espaldas a mí, lleve mi barbilla hasta tus hombros y ya hacían nuestros rostros juntos, con mis manos te fui rodeando la cintura y tu recargabas la cabeza con delicadeza sobre mi pecho mientras yo con mis dedos sentía como te recorría centímetro a centímetro hasta llegar al botón que seguía de abajo hacia arriba, antes de desabotonarlo mi mano se corrió debajo de tu blusa sintiendo tu piel cálida bajo mis dedos, se sentía como la piel más suave que jamás hayan tocado mis dedos y solo toque unos cuantos centímetros de ella cuando mi viaje se vio interrumpido por tus palabras que decían –así no es el juego- mi mano salió suavemente y se dirigió a su objetivo nuevamente, un botón mas de los 4 que quedaban y yo solo pensaba en desabotonarlo y ver tu ombligo a través de el hueco que se abriría, mas eso no sucedió pues apenas había desabotonado uno más y diste un paso al frente apartándote de mí, te giraste sobre la punta de tus pies lentamente y con voz suave dijiste – me toca -  con una singular picardía como de una niña traviesa, yo asentí con la cabeza y camine para quedar de frente a ti, colocaste tu mano en el pecho y me empujaste hacia la cama por varios pasos, caí nuevamente sentado sobre ella, te acercaste, pusiste tus delicados labios sobre mi oído izquierdo mientras tus manos hurgaban mi camisa por el pecho y desabotonaste 2 mas, sonreí porque habías dejado a un lado el juego más te detuve y te dije, - solo era uno, es mi turno- sin hablar te quedaste parada frente a mí, como sabiendo perfectamente que iría por un par de botones en venganza de lo que tú me habías hecho más yo tenía la mente puesta en algo más.

Te aparte un paso de mi, y te pedí que cerraras los ojos, con una sonrisa asentiste suavemente con la cabeza, tu certeza de que serian botones te llevo a colocarte firmemente esperando mis manos en tu vientre para así despojarte de un par de botones, mas mis manos no se colocaron en tu vientre, ellas fueron directamente a tus muslos, los tome por los lados, mis dedos sentían tus cálidas piernas en todo su esplendor, eran firmes y me gustaba la sensación, te quedaste callada e inmóvil, por tu mente el pensamiento de la falda revoloteaba una y otra vez, mas mis manos se fueron escurridizas y suavemente hacia arriba, yo sentía como la piel se te erizaba por la sensación y tu respiración se acelero, llegue al borde de la falda y mis dedos se abrieron camino, seguían recorriéndote hacia arriba, un ligero gemido salió de tus labios cerrados, -¿a dónde va?- se preguntaba tu cabeza, una vez con mis dedos de bajo de tu falda seguí corriendo mis manos por tus muslos intentando levantar lo menos posible la falda, mis dedos por fin llegaron a su destino, cada mano por su lado hasta tocar un fino y delicado borde de tela. – El filo de la tanga – pensaste, efectivamente, estaba ahí y mis dedos se disponían a arrancarla de su lugar, coloque el dedo pulgar por debajo de la delicada tela y con el índice tome el otro extremo, comencé a halar suavemente, tus manos se dirigieron a mis hombros mas tu cabeza se inclino hacia atrás, un suspiro broto de entre tus labios ahora ya entre abiertos pues la respiración había aumentado, lentamente sentía como te arrancaba ese pedazo de tela de sobre tu piel, ahora era mío, estaba entre mis dedos y estaba dispuesto a quitarla, con un movimiento suave juntaste las piernas mas para hacer la salida más fácil mientras el primer trocito de tela se asomaba de por debajo de la falda, cuando pude ver más me di cuenta que era una tanga color negro liso sin marcas ni etiquetas, con un pequeño detalle de una flor sobre la parte de enfrente, al llegar con ella las rodillas no hice otra cosa más que soltarla y suavemente recorrió el resto del camino por su cuenta, un suspiro de alivio salió de tu boca mientras que yo sentía como hervía mi sangre por todo el cuerpo, estaba excitado, mas no quería llegar a un arrebato de lujuria sin antes seguí el juego que nos había puesto en esas condiciones, de ti podía decir lo mismo, venia como la mirada en tus ojos ahora era diferente, tu respiración se aceleraba cada vez mas y las respiraciones eran mucho más profundas.

Me tomaste por las manos y sin decir más me halaste para ponerme de pie, adiós al juego, tus manos desabotonaron mi camisa y la arrancaste prácticamente de su lugar, acto seguido te puse entre mis brazos, te abrace fuertemente y reclinaste tu cabeza contra mi pecho y quedamos así por unos segundos, sentía como tu oreja parecía escuchar mis latidos, te aparte un poco para ver tu rostro, comencé por escrutar en tus hermosos ojos los cuales tenían un brillo especial, al llegar a tu boca no pude contenerme más y nos fundimos en un beso en el que retomaron la batalla nuestras bocas, los labios erar mordidos al igual que las lenguas mientras intentaban buscar en la profundo de nuestras bocas, la humedad era intensa, mientras que mis manos ahora con torpeza llegaban hasta los botones pendientes de desabrochar en tu blusa, con mas desesperación que delicadeza los desabotone uno a uno y escurrieron por debajo de la blusa, podía sentir tu suave abdomen que las recibía con una calidez inesperada, mientras que mis dedos parecía que temblaban de placer, llegue hasta los hombros y cambiando de desesperación a delicadeza comencé a deslizar mis manos por para hacer caer  poco a poco la blusa, la cual llego al suelo sin más esfuerzo, tenía un par de obstáculos más, y para cuando mis manos se dieron cuenta de que tu delicado bra blanco de copas lisas que pendía de dos hermosos tirantes de cadenitas metálicas llenas de pedrería hermosa y diminuta se abotonaba de la parte frontal, corregí el rumbo de mis dedos hacia enfrente bordeando el la orilla de este y de un solo movimiento lo desabotone lentamente, fui deslizándolo lo más suave y lentamente posible, quería disfrutar el momento de dejar tus pechos al descubierto solo para mi, así que lo hice con tanta cautela que parecía que jamás terminaría, mas no podía impedir quitar la vista de ellos, tus manos ahora se colocaban en mi cuello mientras que mi mirada permanecía fija en aquella maravillosa escultura, lentamente vi como aparecía un pequeño pezón de tras de la línea que dejaba el recorrido de tu bra, era de un color maravilloso, se encontraba ya duro de la excitación misma que en tu piel se percibía, la aureola que lo rodeaba parecía el contorno perfecto para darme la ubicación precisa de su lugar, deslicé mis dedos atreviéndome a llegar hasta ellos mientras que por tus hombros iba cayendo el otro trozo de tela mas, tu pezón tenía la textura y la dureza más maravillosa que había sentido entre mis dedos era un contraste perfecto entre dureza y suavidad, mi corazón comenzó a latir tan fuertemente, parecía que quería salir de su lugar, te tumbaste sobre mí en la cama ahora ya hacía yo boca arriba con las piernas colgando hacia el vacio contigo recostada sobre de mi, comenzaste a besar mi cuello mientras que yo podía sentir toda tu piel unida a la mía, era una sensación extremadamente maravillosa y excitante, esto mientras sentía como tus labios se unían a la piel de mi cuello, lo que hacía que me erizara una y otra vez, juguetona tu lengua de vez en cuando trazaba caminos por mi cuello, mis manos ávidas de ti acariciaban tu espalda suavemente, de arriba abajo, desde el cuello hasta donde tu falda las dejaba llegar, recorría el camino una y otra vez, con movimientos suaves y lentos te fuiste recorriendo hacia abajo una vez que llegaste al borde de la cama te pusiste de pie y me comenzaste a desabotonar el pantalón, tu rostro dibujaba nuevamente esa sonrisa juguetona, picara y llena de excitación, yo apreciaba desde mi ángulo tus hermosos pechos que ahora podía ven en plenitud y que se movían suavemente al ritmo de tu cuerpo.

Ahora te tenia ahí frente a mi desabrochando el pantalón mientas que mi corazón se aceleraba, me sentía hervir, mas quería mas, pedía más, quería llegar hasta donde jamás lo había imaginado. Una vez que terminaste de desabotonarlo comenzaste a quitarlo con movimientos firmes desde las pretinas, una vez que bajo un poco juguetonamente lo tomaste por la parte más baja y lo jalaste como sacando objetos de una bolsa y por fin te quedaste con él en las manos y lo lanzaste por sobre tu hombro como la novia que lanza el ramo hacia las solteras que lo esperan ansiosas.

Eme ahí en la cama semidesnudo solo con mis bóxers negros entallados y con las ganas de que no estuvieran ahí. Iba a comenzar a hacer esfuerzo para enderezarme cuando sentí como nuevamente abalanzabas tu cuerpo sobre el mío lo que me obligo a quedarme acostado, ahora nuestras piernas entraban en el juego de toquetearse, sentía como tus pies se aferraban a mis piernas, no podría soportarlo más y mis manos fueron directamente a la cremallera de tu falda, - no lo dudes- pensé dentro de mí y comencé a bajarla, sentía como diente a diente de esta se separaba mientras tú te quedaste inmóvil recostada sobre de mi.
En la habitación se respiraba un olor a pasión, la temperatura de la habitación hacia minuto había dejado de ser fría y se volvía tan cálida como nuestros cuerpos, se escuchaba respiraciones aceleradas, había miradas llenas de ganas y besos furtivos que nos arrancaban el aliento, es el ambiente perfecto para manifestar el amor que siento por ti, quería decirte con un acto que te amo y no decírtelo  con palabras una vez más, quiero que lo sientas, que sepas que te necesito en todos los aspectos y que te has convertido en la mujer de mi vida, en la mujer que amo y a quien estoy dispuesto a seguir entregándome, con quien quiero aprovechar estas horas que estaremos juntos como si fueran los últimos de mi existencia, quiero estar solo para ti y que estés solo para mi, que el mundo fuera de estas paredes se detenga para que me den el tiempo que necesito para decirte que te amo en el acto de amor más maravilloso que estamos a punto de consumar.

Mis dedos llevaron el cierre hasta el fin del camino y pude así correrlos por entre tu cintura que era bordeada por el filo de la falda, la tome por los lados y la comencé a desvanecer en tus piernas, sentía como salía de ti y como te estremecías mientras ella te abandonaba, apoyaste tu pecho un poco en el mío para hacer más fácil la salida de esta, una vez que quedo fuera del alcance de mis manos terminaste tu el trabajo con un movimiento de pies y así la falda negra quedo en el piso en espera de abrazar tu piel una vez más después de mi.

El cielo, la gloria, el placer, el amor y un millón de sensaciones mas sentí cuando tu cuerpo por fin quedo perfectamente encajado sobre el mío, ya hacía yo aun con mi bóxer pero podía aun así sentirte, sentir como tu cuerpo se acoplaba perfectamente en el mío, el cielo de tu piel denuda sobre la mía ya hacía en esa habitación, la gloria de tenerte para mí solo aun que fueran solo por unas horas, el placer de sentir tu cuerpo excitante y excitado rosando el mío, el amor que jamás sentí por ti se desbordaba por los poros de mi cuerpo queriéndotelo gritar a mil voces.

Suavemente apoyaste tus manos en mis hombros y te fuiste enderezando lentamente como regalándome cada centímetro de ti en un espectáculo visual que jamás podre olvidar, ahora te veo sentada sobre mí, puedo apreciar tu cuerpo desnudo sobre el mío, mientras que tus manos pequeñas y delicadas comenzaban a acariciarte desde los muslos siguiendo por tus caderas, pasando por tu vientre y terminando en tus pechos con suaves movimientos sobre tu cuello, lo hacías una y otra vez yo solo ponía mis manos en tus piernas mientras yo veía el espectáculo más excitante de mi vida pasar frente a mis ojos.

Sentía como tu cuerpo hacia fricción contra el mío, hacías pequeños movimientos oscilantes hacia adelante y hacia atrás mientras tus manos aun acariciaban tu cuerpo, ahora postraste tus manos sobre las mías, se sentían ahora tibias, suaves y dispuestas a llevarme en un recorrido maravilloso por tu cuerpo que comenzó en tus muslos y siguió el camino hacia tus glúteos los cuales se sentían firmes, mis dedos rebosaron de gusto cuando sentí como tus manos llevaban las mías por tus costados hasta la altura de tus pechos y poco a poco iban juntándose para así poder acariciarlos. Era la experiencia más maravillosa que había sentido, mis manos tomaban tus pechos suavemente mientras que yo veía tu rostro con los ojos cerrados disfrutando cada momento en que mis manos te acariciaban, ahí estábamos fundiéndonos ambos en caricias tan excitantes que nos hacían comenzar a respirar cada vez más fuerte.

Estabas ahí sentada sobre mí con tu piel desnuda ávida de placer, estaba a punto de estallar en un éxtasis inimaginable, yo recostado boca arriba sobre la cama aun con aquel bóxer que parecía se rompería en cualquier momento, no podría despegar la vista de tu rostro lleno de placer mientras mis manos te recorrían centímetro a centímetro, ahora solo quedaba un obstáculo entre tú y yo, y tú me hiciste saber que estabas dispuesta a eliminarlo. Fue así cuando te deslizaste entre mis piernas para quedar parada de frente a mí, me tomaste de la mano y me halaste como indicando que me levantara y eso hice, me puse de pie frente a ti, llevaste tu mano derecha hasta mi pecho y me dijiste -  no te muevas - , sentí como tu mano se deslizaba suavemente hacia abajo, yo cerraba los ojos pues el placer que sentía era realmente indescriptible tu mano llego hasta mi estomago e hizo una ligera pausa en el borde de mi cintura pues el suave elástico de mi bóxer fue el obstáculo imperfecto que con tus dedos comenzaste a esquivar. Tu mano se comenzaba a deslizar suavemente dentro de mi bóxer hasta que por fin sentí como tu dedo índice roso mi miembro y yo me estremecí, al ver la reacción de mi cuerpo el tuyo igual se éxito y sin más llevaste tu mano completa hacia él y lo envolviste con tus dedos, mientras que con la otra mano hacías que mi bóxer se fuera deslizando hacia abajo, una vez que este llego a su último destino te mire a los ojos, nos quedamos ahí por unos segundos, tu mano fue liberándome poco a poco mientras que yo con las mías rodeaba tu cintura, tu llevabas tus brazos hasta mi cuello y lo rodeabas con ellos, suavemente nos fuimos acercando y sobre mi yo sentía como tu piel se iba acercando a mí y como poco a poco me abría paso entre tus piernas mientras que suavemente recostabas tu cabeza en mi hombro, ya por fin tan cerca de mí y tan excitados nos abrazamos fuertemente, sabíamos que estábamos a punto de consumar lo que tanto deseábamos, yo sentía el calor de tus labios, mi pecho sentía como los tuyos se endurecían ante la presencia de tanta excitación, nuestros labios furtivamente se buscaron para perderse en un beso que sería la antesala del acto más maravilloso que estábamos a punto de realizar.

El tiempo se detuvo, el espacio perdió su inmensidad, nuestras almas se fundían para hacerse una sola, todo en aquella habitación dejo de existir y solos estábamos tu y yo, el calor en nuestros cuerpos se comenzó a sentir, dejamos de extasiarnos con aquel beso y ahora ya hacia tu cabeza recargada sobre mi pecho, yo te abrazaba tiernamente mientras mis dedos recorrían tu espalda acariciándola con suavidad, todo estaba listo, con un movimiento suave te lleve hasta la cama donde te recostaste boca arriba, yo con suavidad me fui colando entre tus piernas y tus brazos para quedar sobre ti, te mire a los ojos y con un suave parpadeo asentiste, llevaste tu mano hasta mi y lo tomaste con suavidad y lo llevaste justo hasta ti, todo estaba listo, yo cerré los ojos al igual que tu y comencé a hacer presión.

Un gemido salió de tu boca mientras yo sentía como te penetraba lentamente, sentía como cada centímetro de mí se introducía en ti, tú me abrazaste fuertemente por la espalda, sentía como tus manos se hacían a mi espalda con firmeza mientras yo no dejaba de introducirme en ti, tu gemido se volvió más suave cuando al fin estuve completamente dentro de ti, abrí los ojos y ahí estabas tú con los tuyos también abiertos, tan hermosos esperando coincidir con los míos, una vez dentro de ti nos quedamos mirándonos por un corto tiempo fijamente a los ojos mientras que nuestras respiraciones se fundían también pues el aliento de ambos chocaba en el viento, nuestras miradas estaban llenas de amor, de placer, de seducción, así poco a poco comencé a salir nuevamente, sentía como te abandonaba, sentía como tu humedad me iba impregnando todo, así comencé a hacer movimientos hacia adentro y hacia afuera, era la sensación más maravillosa que pude haber sentido antes, era tu humedad, era tu cuerpo el que penetraba en aquellos momentos, tus gemidos eran la orquesta de mis mejores fantasías, escuchar tus ligeros gemidos seguidos de rápidas respiraciones y profundos suspiros.  Veía como tu rostro se llenaba de placer cada vez que mi pelvis hacia presión sobre la tuya, eran gemidos llenos de placer los que me inundaban a mí en esos momentos de excitación, con palabras suaves comenzaste a decirme lo maravilloso que se sentía, me pedias que acelerara el ritmo mientras tus manos ahora me tomaban de las caderas como marcando la velocidad a la que querías ser penetrada, yo sentía como me empujabas y me jalabas hacia ti con firmeza, mientras que tus piernas abiertas se comenzaron a elevar suavemente hasta que llegaron a mis muslos los cuales rodeaste con tus pies, ahora sentía que podía llegar más profundo en ti y yo hacía por hacerlo así, en cada envestida te penetraba más profundo y con más fuerza, baje la velocidad a la que lo hacía para ahora concentrarme en introducírtela duro y profundo. Veía como tus pechos se balanceaban al rito que te penetraba tu hacías la cabeza hacia atrás mientras que tus manos ahora estaban sobre tu cabeza, para mí era tan placentero penetrarte como ver como tu rostro se llenaba de placer mientras que te embestía una y otra vez. De pronto todo tu cuerpo se estremeció y de tus labios un gran gemido desboco, me abrazaste con tal fuerza con las piernas y los brazos que deje de moverme y se corto mi respiración, ahí estabas tú, tan fuertemente aferrada a mi llenándote de placer con el primer orgasmo bienvenido de la noche, me quede inmóvil para poder apreciar como tu cara jadeaba de placer, vi como tus ojos se clavaron en los más profundo del techo de la habitación mientras que tus manos me soltaban lentamente, parte de tu cuerpo aun se estremecía pero la ausencia del aliento hizo que de pronto de ti viniera una exhalación acompañada de un gemido de placer que hizo que mi excitación aumentara mas pues me habías regalado el primer orgasmo de la noche y yo me sentí feliz de contemplarlo. Fue el espectáculo más maravilloso que pude ver en mi vida, había presenciado muchos otros antes, pero jamás uno con la intensidad y placer que ese desbordo en el momento, mas pareciendo no estar satisfecha te saliste de mi y tomándome por los hombros me tumbaste en la cama y ahora era yo quien estaba boca arriba, te acercaste a mí y acomodándome suavemente con tu mano comenzaste a penetrarte, lo hacías lentamente como disfrutando cada centímetro de mi, mas sin embargo yo también disfrutaba de lo que hacías, una vez que quedaste perfectamente sentada sobre mi colocaste tus manos sobre mi pecho y comenzaste a balanceaste hacia arriba y hacia abajo, yo sentía como tu pelvis hacia presión conmigo cada vez que te movías, yo tenía mis manos puestas en tus muslos y veía como te movías una y otra vez mientras que tus pechos se balanceaban al compás de tus movimientos.

Mis manos fueron a buscar tus pechos y aprisionarlos de aquel movimiento libre que tenían y cuando los tuve entre mis manos los movimientos que hacías se intensificaron mas y mas, no cabíamos de placer, yo lleve mis mano hasta tus caderas y te comencé a mover mas y mas rápido, tú te recostaste sobre de mi y los movimientos de penetración fueron más intensos pues ahora era yo quien llevaba el ritmo, cuando de pronto todo quedo en silencio por unos segundos, ambos quedamos paralizados y nuestros cuerpos comenzaron a reaccionar al unánime sonido de los gemidos que vinieron después pues yo sentía como comenzaba a dejar de parte de mi dentro de ti mientras que tu llegabas junto a mí al orgasmo y ambos jadeamos y gemimos como dirigidos por la orquesta del placer, pues las respiraciones las realizábamos al mismo tiempo y nuestros cuerpo se movían con pequeñas contracciones llenas de placer que apenas si eran perceptibles, en ese momentos nuestras miradas volvieron a coincidir y sentimos como formábamos parte el uno del otro. Después vino una calma tan profunda que era casi posible escuchar los latidos del corazón, estabas ahí recostada sobre de mi tan cansada como relajada y yo te albergaba entre mis brazos acariciando suavemente tu espalda.

Después de varios minutos que permanecimos así te fuiste saliendo de mi y te recostaste de espaldas a mi lado mientras que yo me volité hacia contigo y te envolví entre mis brazos hasta que nos perdimos en la noche y el sueño se apodero de nosotros.

Fin…

2 comentarios:

  1. Wow! esta bastante largo, pero la verdad vale la pena muy exitante

    ResponderEliminar
  2. Oraleeeeee esta hermoso y muyyy excitante me encanto

    ResponderEliminar